miércoles, 3 de noviembre de 2010

Hasta siempre, Jesualdo

Se nos va el fichaje de estrella de esta temporada. La mala racha cosechada en La Rosaleda, con cinco derrotas en otros tantos partidos, ha sido el detonante que ha agotado la poca paciencia que tienen los dueños para llevar a cabo su destitución.

Nueve jornadas han bastado, siendo la última de ellas en las que el Málaga se ha visto inmerso en posiciones de descenso, para que se produzca esta situación. La decisión tomada por los mandamases del club seguramente haya sido precipitada, optando por la vía fácil: echar al entrenador.

Si bien es cierto que el portugués posee parte de la culpa de este mal inicio liguero, no corre a cargo de toda. La mala suerte con las lesiones, en algunos casos de jugadores de vital importancia para el equipo como Duda, Rondón o Rubén; la baja forma de piezas claves en el esquema malaguista como Jesús Gámez o Apoño; o la insuficiencia de integrantes del plantel que no han rendido ni han sabido aprovechar su oportunidad, véase Juanito, Edinho, Manu Torres o Iván González, son motivos que han impedido al técnico conformar un once de garantías jornada tras jornada.

Es complicado sacar el mayor rendimiento posible en estas condiciones pero los dueños han obviado esto dando las manijas del proyecto a un nuevo técnico, aún por confirmar. Difícil papeleta tendrá que asumir con una plantilla limitada por factores nombrados anteriormente, de la que seguro tirarán del carro los fichajes realizados por el portugués, únicos que han brillado en este comienzo de temporada.

Con tiempo, tengo la certeza de que Jesualdo revertería esta incómoda situación y colocaría al Málaga en mitad de la tabla. Una pena su marcha pero, desde aquí, muestro mi mayor afecto y ánimo a su persona dando las gracias por sus labores prestadas y deseándole suerte allá donde vaya.

miércoles, 20 de octubre de 2010

En busca de la hegemonía perdida

Tras dos años de sequía, el segundo proyecto de Florentino en su nueva etapa en la presidencia tiene los componentes necesarios para romper esa inercia negativa.

En agosto del 2008, Real Madrid y Valencia se medían en la Supercopa de España cada uno con el cartel de vencedor de la Liga y de la Copa del Rey respectivamente. Con un resultado global de 7-5, el conjunto blanco adjudicaba un nuevo trofeo a sus vitrinas pero, desde entonces, han ido encadenando fracasos uno detrás de otro.

En Liga, el Barcelona no ha dado opción alguna gracias a su superioridad abrumadora; en Champions, los octavos de final siguen siendo el obstáculo con el que se estrellan una y otra vez; y en la Copa del Rey, la relajación ante equipos de menor nivel ha provocado ridículos de preocupante calibre como el cosechado ante el Alcorcón.

Pero esta dinámica negativa en la que se hallaba inmerso el Real Madrid parece tener los días contados. El mejor club del siglo XX quiere recuperar el prestigio perdido en esta última década y situarse en lo más alto a nivel mundial.

Para ello, Florentino ha confiado en un ganador nato para manejar un vestuario difícil y, últimamente, polémico. La llegada de Jose Mourinho dotará al equipo de ese carácter competitivo y triunfador que tanto le caracteriza y que escaseaba en el conjunto madridista.

El portugués, que busca hacer historia consiguiendo tres Champions League con tres clubes distintos (ya la obtuvo en el 2004 con el Oporto y en el 2010 con el Inter) y los tres campeonatos nacionales más importante del mundo (Inglaterra, Italia y España), cuenta con una plantilla amplia y de gran nivel para optar a cualquier título.

Las incorporaciones de Canales, Pedro León, Di María, Özil, Khedira y Carvalho, jóvenes valores a excepción del central luso, engrandecen a un plantel ya de por sí potente pues cuenta con cinco campeones del mundo y jugadores como Cristiano Ronaldo, Pepe, Higuaín o Benzema por citar algunos.

Buen presente y futuro se le augura a este nuevo Real Madrid.