La histórica cosecha de España en la fase de clasificación, obteniendo el máximo de puntos posibles gracias a una superioridad abrumadora (28 goles a favor y 5 en contra, y desplegando un gran juego), la convierten en un claro aspirante a alzarse con la próxima edición de la Copa del Mundo que se disputará el año que viene en Sudáfrica.La actual campeona de Europa hizo valer su cartel de favorito para clasificarse, sin despeinarse, como primero de la tabla. Sin restarle méritos al combinado nacional, las selecciones que conformaban el resto del grupo propiciaron, en parte, este hecho.
Turquía y Bélgica se presentaban como los principales contrincantes para disputar a España el primer puesto, pero ambos equipos decepcionaron, sobre todo, el conjunto belga que atraviesa una crisis preocupante. Sin embargo, Bosnia-Herzegovina se convirtió contra todo pronóstico en el único rival capaz de aprovechar cualquier tropiezo español, hecho que no sucedió, para intentar auparse a lo más alto de la clasificación. El combinado bosnio, con una de las delanteras más potentes actualmente en Europa (Ibisevic y Dzeko), se tuvo que conformar con la segunda posición que le da derecho a jugar la repesca y optar, por primera vez en su historia, a estar presente en una cita mundialista.
Tras superar este “trámite”, el conjunto dirigido por Del Bosque deberá concienciarse, como ya lo hizo en la Eurocopa, de la posibilidad máxima de cosechar una nueva alegría para el disfrute del aficionado español, que está presenciando la mejor generación que este deporte ha dado. Aunque, para ello, habrá que superar un largo camino y derrotar a selecciones del nivel de Brasil, Argentina, Italia, Alemania o Inglaterra. Este último, en mi opinión, es el mayor rival que se puede encontrar el combinado español, por encima del resto de naciones ya mencionadas. Su brillante clasificación, perdiendo solo un encuentro, y la figura de Fabio Capello son las credenciales que presenta el conjunto inglés.