miércoles, 5 de enero de 2011

Adiós al sueño copero

No pudo ser. El resultado de la ida pesó demasiado en la losa malaguista, que cayó derrotado por un abultado marcador culpa del infortunio y de, una vez más, la nefasta actuación del árbitro.

Con tres de los cuatro fichajes en liza, el Málaga se presentaba ante su público dispuesto a adelantarles el regalo de Reyes y brindarles el pase a la siguiente ronda de la Copa del Rey. Para ello, había que remontar los dos goles de diferencia que cosechó en contra en el encuentro de ida.

Pero ante la mala suerte, que se cebó de nuevo con el conjunto entrenado por Pellegrini, y la labor del árbitro, que por enésima vez perjudicó al equipo, poco se puede hacer.

Tras una primera parte de dominio malaguista, llegó la debacle. El Sevilla, que dejó en evidencia sus limitaciones y demostró el porqué de su puesto actual en la tabla clasificatoria, se alió con la fortuna y consiguió adelantarse en el luminoso. Romaric, desde una posición lejana, ejecutó un disparo que se adentró en la portería defendida por Asenjo, después de rebotar el esférico en Baha (incomprensible su continuidad en el equipo).

Jarro de agua fría al que el Málaga pronto se hubiera repuesto si el árbitro impartiese la justicia que se le supone sobre el terreno de juego. Un claro penalti no señalado por el trencilla se interpuso en la reacción local, privando al conjunto malacitano de recortar distancias en el marcador y de luchar por obtener la renta necesaria para acceder a la siguiente fase copera.

Diluido el sueño de la Copa, toca centrarse en el campeonato liguero y cosechar, cuanto antes, el principal cometido en esta temporada, la permanencia.

jueves, 23 de diciembre de 2010

2010: año de sufrimiento y alegría, de ilusión e incertidumbre

Con cierto optimismo arrancaba el año el Málaga. A pesar de verse inmerso en los puestos de descenso desde la sexta jornada, una buena racha de resultados encadenada entre los meses de enero y febrero (tan solo dos derrotas, ante el Real Madrid y el Barcelona) situó al conjunto malacitano en la zona tranquila de la tabla clasificatoria.

Pero llegaría el tramo final de la temporada y la preocupación se apoderaría del aficionado malaguista. Un período negativo de resultados de hasta diez partidos sin conocer la victoria provocó que el fantasma de la Segunda División se comenzara a divisar con cierta nitidez. El Málaga se adentraba en las posiciones de descenso y encaraba el último encuentro de la campaña con malas sensaciones ante el Real Madrid, con posibilidades de alzarse con un nuevo título de Liga.

Por suerte, las cábalas formuladas y deseadas por los malaguistas se cumplieron: su equipo no cayó derrotado y el resto de rivales no obtuvieron el triunfo. Con sufrimiento, el Málaga lograba mantenerse un año más en la máxima categoría del fútbol español.

Tras secarse las lágrimas de felicidad, el aficionado se disponía a disfrutar de un verano tranquilo y plácido. Pero de nuevo la inquietud sobrevolaba el seno malaguista al llegar noticias desde Qatar. Al parecer, un jeque estaba dispuesto a comprar el equipo.

Un mes después, concretamente el 27 de julio, se realizó el cambio de poderes. Al-Thani asumía la presidencia, arrancando la temporada más ambiciosa en la historia del Málaga, tanto como Club Deportivo como Club de Fútbol. La llegada de jugadores en propiedad, desembolsando cantidades inviables en épocas anteriores, y de un entrenador contrastado, elevaba la ilusión.

Pero esa ilusión comenzaría a diluirse con el paso de las jornadas. Con un centro del campo insulso y una defensa lamentable, el contador de goles en contra se disparaba y los resultados, obviamente, no acompañaban. Esto supuso la destitución de Jesualdo y la llegada de Pellegrini, que mantiene al equipo en puestos de descenso y sin mejora alguna.

Otra vez la incertidumbre reina en la atmósfera malaguista. Lo que parecía inevitable el pasado curso, en esta todo lo contrario. El dinero disponible está ahí patente y el mercado de invierno será la solución para encarar un nuevo año que esperemos que sea más estable, regular y de felicidad para el malaguismo.